Reyes Ocre, lo surreal en lo marino y la perspectiva del pez como alegoría del símbolo universal

Reyes Ocre es un excelente pintor dominicano surrealista que bucea en el fondo marino y sus personajes, especialmente peces multicolores de grandes ojos, para comunicarnos la determinación de lo onírico real sujeto al subjetivismo de lo inconsciente. El entorno marino es lo real, porque parte de la premisa de que es fantástico, dado que sus personajes son parte inalienable de lo automático. No hay conjunto de verdades, solo el hecho de que todo lo que existe fluye.

Somos la fuerza que anida en nosotros, el animal que nos corresponde, al que hay que cuidar, porque todo está sujeto a continuos cambios. La transformación opera en el mundo como acicate de la vida.

La existencia es parte de la evolución, no solo es biología, pero se fundamenta en que lo específico es el resultado de la necesidad de diferenciar el maya de lo real, la ilusión de lo superfluo y la fuerza de lo inexpresivo.

Estamos en la Era de Acuario y el pez como símbolo espiritual es fundamental, pero, también, se convierte en alegoría, alma, ojo, pirata y… en nosotros. Bucea y se sumerge en el agua, sintiéndose parte de un cosmos que es básico porque es consecuencia de lo sugerente, entendiendo como tal la fuerza intrínseca.

Nace en María Trinidad Sánchez, Nagua, República Dominicana, el 27 de diciembre del 1976. Es una artista dinámico, realizando, veinte años después, su primera individual en Nagua, su pueblo natal, titulada: “Ocre, solo Ocre”. A partir de esa fecha Junior Reyes es bautizado con el nombre artístico de Reyes Ocre. Viaja a Italia, Panamá, España, Colombia y Nueva York, lugares en los que expone con éxito de crítica y público. Su obra se encuentra representada en numerosas colecciones públicas de privadas de América y Europa.

Es un surrealista de colores vibrantes, donde la gama es austera pero intensa, sus peces son personajes de una era avanzada como la nuestra, a través de los que comunica su mundo de inquietudes. Pero no solo los peces, sino también caracolas marinas, medusas, plantas marinas y su entorno.

Con los símbolos se transporta al subconsciente, mostrando la determinación del cambio, que se halla en el presente, pero también viaja a través del tiempo, implementando una actitud de introspección a través del espacio, en la que hay constancia de los cambios que se producen de estadio.

No abusa de los signos, tampoco de lo alegórico, sino que incide en la perfección del silencio, mediante los fondos marinos de gran espectacularidad, que poseen el sonido del silencio, como el sueño, estadios en los que todo fluye sin cortapisas racionales.

Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

(AICA)